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CARMELO DI GENNARO

Tuve el gran placer de trabajar con la Orquesta-Escuela de la Sinfónica de Madrid a lo largo de cinco temporadas, en mi etapa como adjunto a la dirección artística del Teatro Real.

Los proyectos que desarrollamos juntos fueron realmente excepcionales; la orquesta abarcó tanto la ópera, como el ballet y por supuesto los conciertos pedagógico, añadiendo a su maravilloso y contagioso entusiasmo la gran calidad de los músicos implicados. Pudimos abarcar cada tipo de repertorio, desde El retablo de Maese Pedro de Manuel de Falla hasta La vera costanza de Haydn, pasando por el Barbero de Sevilla y Un viaggio a Reims de Rossini, sin olvidarnos del Don Pasquale de Donizetti. La orquesta tuvo también gran éxito cuando se fue de gira, tanto en España como en Italia, donde tocó en los teatros de Treviso y Reggio Emilia, éste último la casa italiana del gran Claudio Abbado.

Además, la orquesta-escuela fue (y sigue siendo) una cantera de músicos para la Sinfónica de Madrid, dando la oportunidad a jóvenes recién salidos del Conservatorio (seleccionados con mucha atención por parte del Maestro Montaño) de tocar en escenarios prestigiosos y forjar así su experiencia laboral. Tampoco quiero olvidar los estrenos absolutos del Laboratorio del doctor Fausto de Fernando Palacios y del Bestiario de Miquel Ortega, implicándose así la orquesta de forma muy contundente con la creación contemporánea.

Debido a todo lo esto, me parece injusto que algo tan importante desaparezca; cuando una orquesta se disuelve siempre la que sale perdiendo es la sociedad, es decir todos nosotros.

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